viernes, 9 de noviembre de 2018

Una noche de terror



En una tarde obscura en un centro de comercio de bienes consumibles y otros desechables un purpura ocaso golpeo desde su negra figura la oportunidad de la liberación, mi café otoño corrió flaco de los miedos y los brillos extraños, en acorazado negro de corsarios, ahora bucaneros, en un sótano encantado vi caer a Superman frente a Batman, reírme de un anillo a destiempo, estaba drogado de amor, de un simple amor y de una conversación de novela, un extraño desastre. Ella Priscilla fue la que me libero de los siglos enormes en delgada tiara de plomo. al caer la pesada significativa hermana del yugo del buey, y la vaca, amiga del camello. En ese entonces nocturno, gracias Priscilla comencé a ceñirme la corona de espinas y laureles quemando mi espíritu, trago a trago, bocanada a bocanada, quemando rápido pero alegre, solo porque quería divertirme, y al ver la intensidad que me había sido negada, enloquecí a Priscilla, 5 veces al día, 40 minutos por sesión, todo lo que ella quiso yo se lo di, y hasta lo que no le pedí ella me lo dio, disparando cañonazos al cielo en una noche de cuervos que me sacaron los ojos, dispare potente hacia eses dios abominable que aparenta ser diablo al purificado dios de los vicio del alma, de la tierra, del combustible en una noche negra le grite a todos, que alababan a bastardo abusador terrorista divino, Mi niña lloraba como princesa ceñida a su infancia, caminando llegaremos, le dije, firme y sin dudar entre sollozos se fue a mi lado a hombros trémulo. las tranquilas choferes de San Pedro a Copiapó nos trajeron hasta esta ciudad. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario